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En la oscuridad de una noche
sin estrellas, la noche vacía de sentido tú, Verbo de la
Vida, como relámpago en la tempestad del olvido, has
entrado en el límite de la duda, al abrigo de los
confines de la precariedad, para esconder la luz.
Palabras hechas de silencio
y de cotidianidad tus palabras humanas, precursoras de
los secretos del Altísimo: como anzuelos lanzados en las
aguas de la muerte para encontrar al hombre, sumergido
en su ansiosa locura, y retenerlo preso, por el
atrayente resplandor del perdón.
A Ti, Océano de Paz y sombra
de la eterna Gloria, te doy gracias: Mar en calma para
mi orilla que espera la ola, ¡que yo te busque! Y la
amistad de los hermanos me proteja cuando la tarde
descienda sobre mi deseo de ti. Amén.
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Texto
“Ver con los
ojos del corazón, lo que dice el texto”
MATEO 4,
12-23
Se
estableció en Cafarnaún. Así se cumplió
lo que había dicho Isaías
Al
enterarse Jesús de que habían arrestado
a Juan, se retiró a Galilea.
Dejando
Nazaret, se estableció en Cafarnaún,
junto al lago, en el territorio de Zabulón
y Neftalí.
Así se cumplió lo que habla
dicho el profeta Isaías: "País de Zabulón y país de Neftalí, camino del
mar, al otro lado del Jordán, Galilea de
los gentiles. El pueblo que habitaba en
tinieblas vio una luz grande; a los que
habitaban en tierra y sombras de muerte,
una luz les brilló."
Entonces comenzó
Jesús a predicar diciendo: "Convertíos,
porque está cerca el reino de los
cielos."
[Pasando
junto al lago de Galilea, vio a dos
hermanos, a Simón, al que llaman Pedro, y
a Andrés, su hermano, que estaban echando
el copo en el lago, pues eran pescadores.
Les dijo: "Venid y seguidme, y os haré
pescadores de hombres."
Inmediatamente dejaron las redes y lo
siguieron.
Y, pasando adelante, vio a
otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, que estaban en la barca
repasando las redes con Zebedeo, su padre.
Jesús los llamó también. Inmediatamente
dejaron la barca y a su padre y lo
siguieron.
Recorría toda Galilea, enseñando
en las sinagogas y proclamando el
Evangelio del reino, curando las
enfermedades y dolencias del pueblo.]
Palabra
de Dios
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para conseguir depositar
la Palabra en nuestro corazón |
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• Jesús vino a residir
junto al mar: El Hijo de Dios viene a habitar junto al
hombre. El mar, este mundo tan misterioso e ilimitado,
inmenso hacia el horizonte cuanto inmenso es el cielo.
El uno reflejo del otro, confinantes, distintos, reflejo
mutuamente de sosiego y de paz. Jesús tierra de Dios,
viene a habitar junto al mar, se hace tierra del hombre.
Y nosotros ¿ iremos a morar junto a Dios como estaba el
Verbo antes de venir a nosotros? ¿O quizá nos baste
nuestra frágil vida de carne?
• El pueblo que habitaba
en tinieblas vio una gran luz: Inmerso en la obscuridad,
el hombre vive sus días con resignado dolor y sin la
esperanza de que algo cambie para él. El mundo en el
cual la fe no declina sus palabras es un mundo inmerso
en las tinieblas hasta que la luz no venga a habitarlo.
Cristo, luz de los pueblos, ha venido al mundo y las
tinieblas se han disipado para hacer resplandecer la
luz. Pero las tinieblas ¿se han disipado para nosotros?
• Al instante, dejando
las redes, lo siguieron: Al instante. Dejar. Seguir.
Palabras difíciles para nuestro estilo de vida.
Responder a Dios: sí, pero con calma. Dejar lo que se
está haciendo por el Señor; sí, pero con calma. Seguir
al Señor; sí pero antes es necesario pensarlo bien. ¿Y
si probásemos a hacer como los apóstoles: al instante,
dejándolo todo, se fueron con Él? |

LECTURA: ¿Qué dice el
texto?
El Dios del universo que
ha creado el cielo y la tierra con sólo su Palabra, deja
su morada y viene a residir junto al mar en tierra
extranjera para pronunciar palabras que sepan a cielo. Y
también el Hijo del hombre, el maestro de Nazaret, deja
la casa de su juventud para caminar por la Galilea de
los gentiles, más allá del Jordán. Las tinieblas de la
ignorancia que se perpetúa en sus rayos con el pasar de
los siglos vienen atravesadas por una gran luz. Las
sombras de la muerte oyen palabras que abren caminos de
novedad y de vida: “Convertíos, porque el reino de los
cielos está cerca”. Cambiar de itinerario, acercarse a
la luz no es empresa difícil para quien tiene
familiaridad con la presencia del Altísimo. Porque los
ojos se acostumbran a la presencia y fácilmente el
corazón humano olvida el pasado de tinieblas, cuando
goza de esplendor. Convertirse ¿Cómo? La relación humana
se convierte en el camino nuevo junto al mar. Hay
hermanos a lo largo de las orillas, pareja de hermanos:
Simón y Pedro, Santiago y Juan. Dios no viene a separar
los vínculos más sagrados, sino que los asume para
pescar en una vida más luminosa, su vida, su mar.
• Mientras caminaba... El
camino es un gran secreto de la vida espiritual. No
hemos sido llamados para estar firmes, quietos, sino
para caminar también nosotros junto al mar, el mar del
mundo donde los hombres son como peces, sumergidos en
una agua amarga, salobre del no humano. Pescadores de
hombres. No se puede pescar sin la red del amor, sin un
padre que custodie la barca, sin una barca con la que
adentrarse en el mar. La red de las relaciones humanas
es la única arma posible a los evangelizadores, porque
con amor se tiene una gran pesca, el amor no debe ser
sólo anunciado, sino llevado. Ser llamado de dos en dos
quiere decir precisamente esto, llevar un amor visible
concreto, el amor de hermanos que gozan de la misma
paternidad, el amor de personas por las que corre la
misma sangre, la misma vida.
• Seguidme...llamar a
otros a caminar, a pescar, a testimoniar. Las redes se
rompen pero cada pescador está en grado de recomponer
una red que se rompe. ¡El amor no es un objeto de
adorno! ¡Usándolo se rompe! El arte de reordenar vuelve
precioso todo tejido posible entre los hombres. Lo que
cuenta es andar, fiarse de aquel nombre que se ha
llamado siempre y ahora VIDA.
• Los llamados van,
siguen a Jesús. ¿Pero dónde va Jesús? Camina por toda la
Galilea, enseña en las sinagogas, predica la buena nueva
del reino, cura toda clase de males y enfermedades en el
pueblo. Todo hombre de mar, apóstol del reino, hará como
Jesús: caminará por los caminos del mundo y se
presentará en las plazas, proclamará las buenas noticias
de Dios y cuidará de los afligidos y enfermos, hará
visible la ternura del Padre para cada uno de sus hijos.
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“Le hablo al Señor,
escucho el yo de Jesús y mi yo para llegar a una
intimidad de amor
«No temas, que yo te he rescatado, te he
llamado por tu nombre. Tú eres mío. Si pasas por las
aguas, yo estoy contigo, si por los ríos, no te
anegarán. Si andas por el fuego, no te quemarás, ni la
llama prenderá en ti.
Porque yo soy Yahvé tu Dios, el Santo de
Israel, tu salvador. Dado que eres precioso a mis ojos,
eres estimado, y yo te amo. Pondré la humanidad en tu
lugar, y los pueblos en pago de tu vida. No temas, que
yo estoy contigo.
Vosotros sois mis testigos -oráculo de
Yahvé- y mi siervo a quien elegí, para que me conozcáis
y me creáis a mí mismo, y entendáis que yo soy: Antes de
mí no fue formado otro dios, ni después de mí lo habrá.
Yo, yo soy Yahvé, y fuera de mí no hay
salvador. Así dice Yahvé, que trazó camino en el mar, y
vereda en aguas impetuosas. ¿No os acordáis de lo
pasado, ni caéis en la cuenta de lo antiguo?
Pues bien, he aquí que yo lo renuevo: ya
está en marcha, ¿no lo reconocéis? Sí, pongo en el
desierto un camino, ríos en el páramo. Ese pueblo que yo
me he formado contará mis alabanzas.
Añadimos nuestras intenciones de
oración.
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La aguas del mar que recubren la
tierra me cuentan el fluir de tu vida, Señor.
Cuando en el horizonte cielo y mar se confunden, me
parece ver trasbordar todo lo que eres en nuestro
existir.
Un fluir que es una ola tierna de presencia y una
inenarrable historia de amor, hecha de nombres, de
hechos, de edades, de secretos, de emociones plácidas e
imprevistas turbaciones, una historia hecha de luces y
de momentos grises, de entusiasmos y de sosegado sueño.
Este mar que es la humanidad colmada de tu paz contiene
palabras sin fin, las palabras de tu Verbo que hasta el
extremo ha querido asumir el vestido de arena del
tiempo.
Cuántas palabras sobre las riberas que se recogen
silenciosamente si sólo me dispongo a escuchar, tus
palabras que las olas de la vida llevan a la orilla y
que son sendas para los navegantes, palabras antiguas y
palabras nuevas, palabras nunca olvidadas y palabras
repletas de misterio.
Señor, que las olas de la humanidad no me envuelvan,
sino que sean huellas de comunión para mi frágil barca
en el caminar. Que yo aprenda de ti a adentrarme en el
mar para la pesca en las noches obscuras de la historia
humana, cuando los peces están más dispuestos a dejarse
coger.
Sobre tu palabra echaré las redes, Dios mío, y llevada
la barca a tierra, seguiré caminando por las pisadas que
has dejado sobre las riberas de la historia cuando
escogiste el vestir nuestros vestidos llenos de fango. |
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TOMADO DE: Carmelitas
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