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Señor Jesús, envía tu
Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el
mismo modo con el cual Tú la has leído a los discípulos
en el camino de Emaús.
Con la luz de la Palabra, escrita
en la Biblia, Tú le ayudaste a descubrir la presencia de
Dios en los acontecimientos dolorosos de tu condena y
muerte. Así, la cruz , que parecía ser el final de toda
esperanza, apareció para ellos como fuente de vida y
resurrección.
Crea en nosotros el silencio para
escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los
acontecimientos y en las personas, sobre todo en los
pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin
de que también nosotros, como los discípulos de Emaús,
podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y
testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de
nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de
paz. Te lo pedimos a Ti, Jesús, Hijo de María, que nos
has revelado al Padre y enviado tu Espíritu. Amén.
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Texto
“Ver con los
ojos del corazón, lo que dice el texto”
MATEO 4,
4-11
Jesús
ayuna cuarenta días y es tentado
En
aquel tiempo, Jesús fue llevado al
desierto por el Espíritu para ser tentado
por el diablo. Y después de ayunar
cuarenta días con sus cuarenta noches, al
fin sintió hambre. El tentador se le
acercó y le dijo: "Si eres Hijo de
Dios, di que estas piedras se conviertan
en panes." Pero él le contestó,
diciendo: "Está escrito: "No sólo
de pan vive el hombre, sino de toda
palabra que sale de la boca de
Dios.""
Entonces
el diablo lo lleva a la ciudad santa, lo
pone en el alero del templo y le dice:
"Si eres Hijo de Dios, tírate abajo,
porque está escrito: "Encargará a
los ángeles que cuiden de ti, y te
sostendrán en sus manos, para que tu pie
no tropiece con las piedras.""
Jesús le dijo: "También está
escrito: "No tentarás al Señor, tu
Dios.""
Después
el diablo lo lleva a una montaña altísima
y, mostrándole los reinos del mundo y su
gloria, le dijo: "Todo esto te daré,
si te postras y me adoras." Entonces
le dijo Jesús: "Vete, Satanás,
porque está escrito: "Al Señor, tu
Dios, adorarás y a él solo darás
culto.""
Entonces
lo dejó el diablo, y se acercaron los ángeles
y le servían.
Palabra
de Dios
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para conseguir depositar
la Palabra en nuestro corazón |
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a) ¿Cuáles fueron las
tentaciones? ¿Qué tienen que ver el Espíritu, el
desierto, el ayuno y el hambre con las tentaciones de
Jesús?
b) La palabra tentación
¿qué nos sugiere a nosotros, hoy? ¿De qué modo se
manifiesta en mi diario vivir?
c) Tentador o Satanás es
siempre aquel, aquélla o la cosa que nos desvía del
camino de Dios. ¿Ha podido darse, que yo haya sido
alguna vez Satanás para alguien, como lo fue Pedro para
Jesús?
d) El Espíritu conduce a
Jesús al desierto para ser tentado por el diablo. Esto
evoca las tentaciones del pueblo de Israel en el
desierto después de la salida de Egipto. ¿Que nos quiere
sugerir y enseñar Mateo con esta evocación de las
tentaciones del pueblo en el desierto?
e) El demonio usa la
Biblia para tentar a Jesús. ¡Jesús usa la misma Biblia
para vencer la tentación! La Biblia, ¿sirve para todo?
¿Cómo y con qué fin uso yo la Biblia?
f) La tentación del pan.
¿Cómo hablar de Dios al que tiene abundancia de todo?
¿Cómo hablar de Dios al que siente hambre?
g) La tentación del
prestigio. Prestigio de la ciencia, del dinero, de la
conducta moral irreprensible, del nombre, del figurar,
del honor. ¿Aparecen en mi vida?
h) La tentación del
poder. Allí donde dos personas se encuentran surge una
relación de poder. ¿Cómo uso el poder que me toca en la
vida: en la familia, en la comunidad, en la sociedad, en
mi barrio? ¿Sucumbo a la tentación?
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LECTURA: ¿Qué dice el
texto?a)
Clave de lectura
1-2: Entonces Jesús fue llevado del
Espíritu al desierto, para ser tentado del diablo. Y
habiendo ayunado cuarenta días y cuarenta noches,
después tuvo hambre.
3-4: Y llegándose a Él el tentador,
dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se
hagan pan. Mas Él respondiendo, dijo: Escrito está: No
con solo el pan vivirá el hombre, mas con toda palabra
que sale de la boca de Dios.
5-7: Entonces el diablo le pasa a la
santa ciudad, y le pone sobre las almenas del templo, Y
le dice: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; que escrito
está: A sus ángeles mandará por ti, Y te alzarán en las
manos, para que nunca tropieces con tu pie en piedra.
Jesús le dijo: Escrito está además: No tentarás al Señor
tu Dios.
8-11: Otra vez le pasa el diablo a un
monte muy alto, y le muestra todos los reinos del mundo,
y su gloria, y dícele: Todo esto te daré, si postrado me
adorares. Entonces Jesús le dice: Vete, Satanás, que
escrito está: Al Señor tu Dios adorarás y a Él solo
servirás. El diablo entonces le dejó: y he aquí que los
ángeles llegaron y le servían.
• Jesús fue tentado. Mateo hace
comprensible las tentaciones: tentación del pan,
tentación del prestigio, tentación del poder. Se trata
de varias formas de esperanza mesiánica, que en aquel
tiempo existían en el pueblo de Israel. El mesías
glorioso que, como un nuevo Moisés, daría de comer al
pueblo en el desierto: "¡manda que estas piedras se
conviertan en pan!" El mesías desconocido que de repente
se impone a todos por medio de un gesto espectacular en
el Templo: "¡Arrójate desde aquí!" El mesías
nacionalista que quisiera dominar el mundo: "¡Todo esto
te daré!"
• En el Antiguo Testamento,
tentaciones idénticas hacen caer al pueblo en el
desierto, después de la salida de Egipto (Dt 8,3; 6,16;
Dt 6,13). Jesús repetirá la historia. Él resiste la
tentación de pervertir el plan de Dios para adaptarlo a
sus intereses humanos del momento. Tentador o Satanás es
todo lo que le desvía del Plan de Dios. Pedro fue
Satanás para Jesús (Mt 16,23).
• La tentación fue constante en la
vida de Jesús. Esta le acompañó desde el principio hasta
el fin, desde el bautismo hasta la muerte de cruz.
Porque en la medida con la que el anuncio de la Buena
Nueva del Reino se extendía en medio del pueblo, crecía
la presión sobre Jesús para adaptarse a las perspectivas
mesiánicas del pueblo y ser el mesías que los otros
deseaban y querían: "mesías glorioso y nacionalista", "mesías
rey", "mesías sumo sacerdote", "mesías juez", "mesías
guerrillero", "mesías doctor de la ley". La carta a los
Hebreos dice: "Él fue probado en todo a semejanza de
nosotros, menos en el pecado" (Heb 4,15).
• Pero la tentación no ha conseguido
jamás desviar a Jesús de su misión. El continuaba firme
en el camino del "Mesías Siervo" anunciado por el
profeta Isaías y esperado sobre todo por los pobres del
pueblo, los anawim. Al respecto, Jesús no ha tenido
miedo de provocar conflictos, ni con las autoridades, ni
con las personas más queridas. Todos los que tentaban de
desviarlo del camino recibían respuestas duras y
reacciones inesperadas:
• Pedro tentó de alejar a Jesús del
camino de la Cruz: "¡No será así Señor; esto no sucederá
jamás!" (Mat 16,22) y ha debido sentir: "¡Aléjate de mí,
Satanás!" (Mc 8,33). • Los parientes, primeramente,
querían portarlo a casa. Pensaban que estaba loco (Mc
3,21), pero sintieron las palabras duras que parecía una
rotura (Mc 3,33). Después, cuando Jesús gozaba de cierta
fama, querían que se mostrase más en público y
permaneciese en Jerusalén, la capital (Jn 7,3-4). Una
vez más responde Jesús mostrando que hay una diferencia
radical entre su propuesta y la de ellos (Jn 7,6-7).
• Sus padres se lamentaban: "Hijo,
¿por qué has obrado así con nosotros?" (Lc 2,48). Pero
recibieron como respuesta: "¿Por qué me buscábais? ¿No
sabíais que yo debo ocuparme de las cosas que son del
servicio de mi Padre?" (Lc 2,49).
• Los apóstoles contentos de la
publicidad que Jesús había adquirido en medio del pueblo
querían que se volviese al pueblo: "¡Todos te buscan!" (Mc
1,37). Pero recibieron un rechazo: "¡Vayamos a otra
parte, por las aldeas y ciudades vecinas, a fin de que
predique también allí; porque para esto he venido!" (Mc
1,38). Juan Bautista quería forzar a Jesús a ser un "mesías
juez severo" (Lc 3,9; Mt 3,7- 12; Mt 11,3). Jesús
remitió a Juan a las profecías para que las confrontara
con los hechos: "¡Andad y decid a Juan lo que habéis
visto y oído!" (Mt 11,46 e Is 29, 18- 19; 35,5-6; 61,1).
• El pueblo, viendo el signo de la
multiplicación de los panes en el desierto, concluyó:
"¡Este ciertamente es el profeta que debía venir al
mundo!" (Jn 6,14) Ellos trataron de forzar a Jesús a ser
el "mesías rey" (Jn 6,15), pero Jesús se escapó a la
montaña para estar en la soledad con su Padre.
• En la hora del prendimiento, la hora
de las tinieblas (Lc 22,53) aparece la tentación de ser
el "mesías guerrero". Pero Jesús dice: "¡Mete la espada
en su lugar!" (Mt 26,52) y "¡Orad para no caer en
tentación!" (Lc 22,40-46).
• Jesús se orientaba por la Palabra de
Dios y en ella encontraba la luz y el alimento. Es sobre
todo la profecía del Siervo, anunciada por Isaías (Is
42,1-9; 49,1-6; 50,3-9; 52,13- 53,12) la que lo anima y
le da valor para seguir. En el Bautismo y en la
Transfiguración Él recibe del Padre la confirmación de
su camino, de su misión. La voz del cielo repite las
palabras con las que la profecía de Isaías presenta el
Siervo de Jahvé al pueblo: "¡Este es mi Hijo amado:
escuchadlo!" (Mc 1,11; 9,6).
• Jesús define su misión con estas
palabras: "¡El Hijo del Hombre no ha venido para ser
servido, sino para servir y dar su vida por la redención
de muchos!" (Mt 20,28; Mc 10,45). Es la lección que
aprendió de su Madre, que había respondido al ángel:
"¡He aquí la esclava del Señor; se cumpla en mí según tu
palabra!" (Lc 1,38). Orientándose por la Palabra de Dios
para profundizar en la conciencia de su misión y
buscando fuerza en la oración, Jesús afrontaba las
tentaciones. Metido en medio de los pobres, los anawim,
y unido al Padre, fiel a entrambos, Él resistía y seguía
la senda del Mesías Siervo, el camino del servicio al
pueblo (Mt 20,28).
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“Le hablo al Señor,
escucho el yo de Jesús y mi yo para llegar a una
intimidad de amor
a) Salmo
91
Dios nos protege y está con nosotros en la
tentación
El que habita al amparo del Altísimo,
Y mora bajo la sombra del Omnipotente.
Diga a Dios: "Esperanza mía, y castillo mío;
Mi Dios, en él confiaré."
Y él te librará del lazo del cazador:
De la peste destructora.
Con sus plumas te cubrirá,
Y debajo de sus alas estarás seguro:
Escudo y adarga es su verdad.
No tendrás temor de espanto nocturno,
Ni de saeta que vuele de día;
Ni de pestilencia que ande en oscuridad,
Ni de mortandad que en medio del día destruya.
Caerán á tu lado mil,
Y diez mil á tu diestra:
Mas a ti no llegará.
Ciertamente con tus ojos mirarás,
Y verás la recompensa de los impíos.
Porque tú has puesto a Yahvé, que es mi esperanza.
Al Altísimo por tu habitación,
No te sobrevendrá mal,
Ni plaga tocará tu morada.
Pues que a sus ángeles mandará cerca de ti,
Que te guarden en todos tus caminos.
En las manos te llevarán,
Porque tu pie no tropiece en piedra.
Sobre el león y el basilisco pisarás;
Hollarás al cachorro del león y al dragón.
Por cuanto en mí ha puesto su voluntad,
yo también lo libraré:
Pondrélo en alto, por cuanto ha conocido mi nombre.
Me invocará, y yo le responderé:
Con él estaré yo en la angustia:
Lo libraré, y le glorificaré.
Lo saciaré de larga vida,
Y le haré ver mi salvación.
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Señor Jesús, te doy gracias por tu
palabra, que nos ha hecho ver mejor la voluntad del
Padre:
Haz que tu Espíritu ilumine nuestras
acciones y nos comunique la fuerza para seguir lo que tu
Palabra nos ha hecho ver.
Haz que nosotros, como María tu Madre,
podamos no sólo escuchar sino practicar la Palabra.
Tú que vives y reinas con el Padre en
la unidad del Espíritu Santo por todos los siglos de los
siglos. Amén |
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TOMADO
DE: Orden de Nuestra Señora del Monte Carmelo
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