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Ven ESPÍRITU creador,
visita los corazones de los tuyos,
colma con la gracia de lo alto,
las entrañas que Tú creaste.
Tú, a quien llamamos
defensor,
don del DIOS altísimo,
la fuente viva, el fuego, la caridad,
la unción alentada por Ti.
Tú, que te das en siete
dones,
dedo de la mano derecha del PADRE,
Tú, su promesa fielmente cumplida,
enriquece nuestros labios con la palabra.
Enciende la luz en los ojos,
infunde el amor en los corazones,
fortalece con la fuerza que no cesa
la flaqueza de nuestro cuerpo.
Aleja cada vez más al
enemigo,
danos la paz como don primero,
y así, guiándonos Tú, al ir delante de nosotros,
evitemos toda senda que nos daña.
Por Ti conozcamos al PADRE
y conozcamos también al HIJO,
y creamos en Ti, don del uno y del otro,
en el transcurso entero del tiempo.
A DIOS, el PADRE, y al HIJO,
que resucitó de entre los muertos,
y al PARÁCLITO, que nos defiende,
gloria sea en los siglos de los siglos.
AMEN. |

Texto
“Ver con los
ojos del corazón, lo que dice el texto”
JUAN 11,
1-45
Yo
soy la resurrección y la vida
En
aquel tiempo, [un cierto Lázaro, de
Betania, la aldea de María y de Marta, su
hermana, había caído enfermo. María era
la que ungió al Señor con perfume y le
enjugó los pies con su cabellera; el
enfermo era su hermano Lázaro.]
Las
hermanas mandaron recado a Jesús,
diciendo: "Señor, tu amigo está
enfermo." Jesús, al oírlo, dijo:
"Esta enfermedad no acabará en la
muerte, sino que servirá para la gloria
de Dios, para que el Hijo de Dios sea
glorificado por ella." Jesús amaba a
Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se
enteró de que estaba enfermo, se quedó
todavía dos días en donde estaba. Sólo
entonces dice a sus discípulos:
"Vamos otra vez a Judea."
[Los
discípulos le replican: "Maestro,
hace poco intentaban apedrearte los judíos,
¿y vas a volver allí?" Jesús
contestó: "¿No tiene el día doce
horas? Si uno camina de día, no tropieza,
porque ve la luz de este mundo; pero si
camina de noche, tropieza, porque le falta
la luz. Dicho esto, añadió: "Lázaro,
nuestro amigo, está dormido; voy a
despertarlo." Entonces le dijeron sus
discípulos: "Señor, si duerme, se
salvará." Jesús se refería a su
muerte; en cambio, ellos creyeron que
hablaba del sueño natural. Entonces Jesús
les replicó claramente: "Lázaro ha
muerto, y me alegro por vosotros de que no
hayamos estado allí, para que creáis. Y
ahora vamos a su casa." Entonces Tomás,
apodado el Mellizo, dijo a los demás discípulos:
"Vamos también nosotros y muramos
con él."]
Cuando
Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días
enterrado. [Betania distaba poco de
Jerusalén: unos tres kilómetros; y
muchos judíos habían ido a ver a Marta y
a María, para darles el pésame por su
hermano.] Cuando Marta se enteró de que
llegaba Jesús, salió a su encuentro,
mientras María se quedaba en casa. Y dijo
Marta a Jesús: "Señor, si hubieras
estado aquí no habría muerto mi hermano.
Pero aún ahora sé que todo lo que pidas
a Dios, Dios te lo concederá." Jesús
le dijo: "Tu hermano resucitará."
Marta respondió: "Sé que resucitará
en la resurrección del último día."
Jesús le dice: "Yo soy la resurrección
y la vida: el que cree en mí, aunque haya
muerto, vivirá; y el que está vivo y
cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees
esto?" Ella le contestó: "Sí,
Señor: yo creo que tú eres el Mesías,
el Hijo de Dios, el que tenía que venir
al mundo."
[Y
dicho esto, fue a llamar a su hermana María,
diciéndole en voz baja: "El Maestro
está ahí y te llama." Apenas lo oyó,
se levantó y salió adonde estaba él;
porque Jesús no había entrado todavía
en la aldea, sino que estaba aún donde
Marta lo había encontrado. Los judíos
que estaban con ella en casa consolándola,
al ver que María se levantaba y salía
deprisa, la siguieron, pensando que iba al
sepulcro a llorar allí. Cuando llegó María
adonde estaba Jesús, al verlo se echó a
sus pies diciéndole: "Señor, si
hubieras estado aquí no habría muerto mi
hermano."]
Jesús,
[viéndola llorar a ella y viendo llorar a
los judíos que la acompañaban,] sollozó
y, muy conmovido, preguntó: "¿Donde
lo habéis enterrado?" Le
contestaron: "Señor, ven a
verlo." Jesús se echó a llorar. Los
judíos comentaban: "¡Cómo lo quería!"
Pero algunos dijeron: "Y uno que le
ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía
haber impedido que muriera éste?"
Jesús, sollozando de nuevo, llega al
sepulcro. Era una cavidad cubierta con una
losa. Dice Jesús: "Quitad la
losa." Marta, la hermana del muerto,
le dice: "Señor, ya huele mal,
porque lleva cuatro días." Jesús le
dice: "¿No te he dicho que si crees
verás la gloria de Dios?" Entonces
quitaron la losa. Jesús, levantando los
ojos a lo alto, dijo: "Padre, te doy
gracias porque me has escuchado; yo sé
que tú me escuchas siempre; pero lo digo
por la gente que me rodea, para que crean
que tú me has enviado." Y dicho
esto, gritó con voz potente: "Lázaro,
ven afuera." El muerto salió, los
pies y las manos atados con vendas, y la
cara envuelta en un sudario. Jesús les
dijo: "Desatadlo y dejadlo
andar."
Y
muchos judíos que habían venido a casa
de María, al ver lo que había hecho Jesús,
creyeron en él.
Palabra
de Dios
|

para conseguir depositar
la Palabra en nuestro corazón |
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Vuelvo a
leer despacio la Palabra de Dios y me detengo en aquello
que más me llama la atención.
Doy vueltas a una o dos ideas que más han
llegado a mi corazón.
Medito, “comulgo” y guardo la Palabra.
Lo hago con sencillez, dejándome llevar y
llenar de la Palabra que hemos proclamado y leído.
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LECTURA: ¿Qué dice el
texto?
Clave de lectura
Con este Evangelio de hoy culmina la
Catequesis bautismal de estos domingos: Agua viva
(Samaritana, Jn 4,1-42); Luz del mundo (Ciego de
nacimiento, Jn 9,1-41); la Resurrección y la Vida
(Resurrección de Lázaro, Jn 11,1-43).
Jesús, está próximo a su muerte, los
judíos lo buscan para matarle y, sin embargo, “va a
Judea” (v. 7) a dar su vida. Es el camino hacia la cruz,
que él toma libremente. La muerte de Lázaro va a ser un
motivo para mostrar un anticipo de la victoria de la
Pascua, “Gloria de Dios” y “glorificación del Hijo” (v.
4). Lázaro pasará de estar “dormido” a ser “despertado”;
de “estar muerto” a “tener la vida”. Así, nosotros, en
nuestro Bautismo, pasamos de la muerte a la vida. Es
nuestra primera Pascua.
La muerte es fruto del pecado que
anida en nuestra vida en diversos signos como la
cerrazón del corazón del ser humano, el odio, el
egoísmo, o la ausencia de amor y el mismo morir. Esta
muerte se extiende al mundo, y se enseñorea en él. Son
muchas las realidades de muerte que deben ser devueltas
a la Vida por parte de Jesús. Estos días lo comprobamos
en nuestra propia historia: la injusticia, la violencia,
el hambre, el dolor, la enfermedad… Muchas de ellas
llevan ya más de “cuatro días y huelen ya” (Cf. v. 39).
Permanecen mucho tiempo con nosotros. Parece que no hay
quien las venza.
Este signo es “para que crean los
discípulos” (Cf. vv. 15. 42); para que crean que Jesús
es el enviado del Padre y que trae la Vida para todos.
De nuestra parte vienen las dudas y los temores
(discípulos, judíos, Marta, María): “por qué no nos
auxilias, Señor”; “si hubieras venido antes, nuestro
hermano no hubiera muerto”. Ante la muerte “Jesús se
conmueve”, su corazón es alcanzado ante el poder de
ésta, se indigna (vv. 33. 38), y hasta “llora” por su
amigo Lázaro, que nos representa a cada uno de nosotros
y a todas las situaciones de muerte que alcanzan a la
humanidad. Es sobrecogedor, por humano, el llanto de
Jesús ante la muerte de su amigo y ante todas las
realidades de muerte de nuestro mundo.
El centro del relato lo encontramos en
el diálogo de Jesús con Marta (vv. 21-27). Es un diálogo
con cada uno de nosotros. Meditemos estos versos. “Yo
soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque
haya muerto vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no
morirá para siempre”. “¿Crees esto?”. Marta contestó:
“Si, Señor, yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de
Dios, el que tenía que venir al mundo”. Creer en Jesús
es tener ya la Vida, su Vida. Esta confesión de fe debe
brotar de nuestros labios y nuestro corazón.
El culmen del relato está en la
resurrección de Lázaro (vv. 38-43). El sepulcro excavado
en una roca, la piedra… nos recuerda su propia muerte,
la del Señor, que acontecerá después. La escena es un
hecho pascual, de victoria. Jesús se acerca al sepulcro,
ora al Padre lleno de confianza (“tú siempre me
escuchas”) y grita: “¡Lázaro, ven afuera!”. Es la fuerza
de su Palabra y su Amor la que vence a la muerte. El
mismo Jesús nos dice que “ha llegado la hora en que los
muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que la
oigan vivirán” (Jn 5,25). Jesús, con su Pascua, ha
gritado a tu corazón y al mundo: ¡Ven a la vida! ¡Ánimo!
¡No tengamos miedo en esta hora! ¡Jesús es la Vida!
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“Le hablo al Señor,
escucho el yo de Jesús y mi yo para llegar a una
intimidad de amor
Sal 39, 2-4
“Yo esperaba con ansia en el Señor:
Él se inclinó y escuchó mi grito;
me levantó de la fosa fatal,
de la charca fangosa;
afianzó mis pies sobre roca
y aseguró mis pasos;
me puso en la boca un cántico nuevo,
un himno a nuestro Dios.
Muchos al verlo quedaron sobrecogidos
y confiaron en el Señor”.
Y ENTONCES VIO LA LUZ
(José Luis Martín Descalzo)
Y entonces vio la luz. La luz que entraba
por
todas las ventanas de su vida.
Vio que el dolor precipitó la huida
y entendió que la muerte ya no estaba.
Morir sólo es morir. Morir se acaba.
Morir es una hoguera fugitiva.
Es cruzar una puerta a la deriva
y encontrar lo que tanto se buscaba.
Acabar de llorar y hacer preguntas;
ver al Amor sin enigmas ni espejos;
descansar de vivir en la ternura;
tener la paz, la luz, la casa juntas
y hallar, dejando los dolores lejos,
la Noche-luz tras tanta noche oscura. |

«Tu rostro buscaré,
Señor, no me escondas tu rostro»
Con sencillez me pongo delante del
Señor y me dejo mirar por Él. Su mirada es de amor,
ternura, compasión, paz… También con sencillez le miro y
descubro su presencia en mi vida, en mi corazón…
ORACIÓN FINAL:
Lo hacemos en un doble
momento:
Primero:
¡ACÓGEME!
Me paso a las manos de Jesús
“Aquí estoy”.
“Transfórmame”.
“Hágase tu voluntad”.
“Hazme de nuevo
Segundo:
¡ENVÍAME!
Me paso al camino de Jesús
“Iré donde mis hermanos”.
“¿Qué quieres que haga?”.
“¿Qué paso nuevo me pides en mi vida?”.
“¿Dónde me envías?”.
"¿Dónde me necesitas?"
ORACIÓN
“Jesús le dijo: «Yo soy la resurrección y
la vida:
el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá;
y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre.
¿Crees esto?».
Ella le contestó:
«Sí, Señor: yo creo que tú eres el Cristo,
el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo.
Amén |
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TOMADO DE: Diócesis
de Salamanca
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