REFLEXIONES  

 


 

REFLEXIÓN - 1

EL DIOS TOLERANTE

¿Porqué Dios permite el mal? ¿No podría aniquilar a los malos y que únicamente vivieran los buenos?

Cuántas veces hemos escuchado estas preguntas?

Y es que, con frecuencia, el ser humano obra de esa manera. Como botón de muestra, lo extremismos y fundamentalismos, capaces de aniquilarse a sí mismos con el fin de aniquilar a los que consideran enemigos.

Quizás estos sean un caso extremo, pero la intolerancia en la convivencia está muy extendida. Todos, en un momento o en otro, somos intolerantes.

Tendemos siempre a dividir: buenos y malos, los que piensan como nosotros y los que no, los que tienen fe y los ateos, los de derechas y los de izquierdas, los nacionales y los extranjeros, los de aquí y los inmigrantes, los "purasangre" y los advenedizos, etc., etc., la letanía podría ser interminable.

Y no pasaría nada, al revés, nos enriqueceríamos si las diferencias fueran acogidas y respetadas, si fuéramos capaces de escuchar y dialogar, de caminar juntos.

Pero no; pronto etiquetamos: trigo y cizaña. Nosotros somos el trigo y los que son diferentes la cizaña; y quisiéramos arrancar la cizaña y que quedara sólo el trigo, es decir, nosotros.

Dios nos enseña que ese no es el camino; que crecerán juntos el trigo y la cizaña hasta la siega, el día final, y entonces se separará trigo y cizaña.

Mientras tanto hay que esperar, pues ni todo lo que creemos que es trigo lo es, ni todo lo que creemos que es cizaña la es. Y si, por una parte, debemos denunciar la presencia de la cizaña, lo que está mal, y defender el trigo, lo que está bien, por otra parte siempre debemos respetar a las personas, que pueden cambiar y arrepentirse.

El Señor no aniquila a "los malos". Ejerce su autoridad y poder con el perdón, juzga con moderación y gobierna con indulgencia y siempre acoge al que se arrepiente.

Debemos aprender de la tolerancia de Dios. Hemos de imitarle.

La Eucaristía es fuerza para recorrer este camino.

 

 

REFLEXIÓN - 2

FANATISMO    

-La obsesión por querer clarificar posiciones

Los discípulos querían tener las cosas claras: nosotros somos los buenos, y "ellos" los malos; nosotros somos los del Reino, "ellos" los del Maligno. Seguramente que éste debía ser uno de los problemas de los seguidores de Jesús, un problema que les hacía pensar que eso del Reino no estaba muy claro, que no se realizaba con suficiente diafanidad. Y esperaban que Jesús se decidiera de una vez a marcar límites, a clarificar posiciones. Pero Jesús no lo hace. Y no sólo no lo hace, sino que dice que Dios ni lo hace ni lo quiere hacer, y que el Reino es un campo en el que todo está muy entremezclado, y que la criba sólo será posible en el momento final, y nunca antes. No podemos ponernos a marcar límites y querer clarificar posiciones en nombre de Dios: este es bueno, este es malo...

A esta tentación se le llama fanatismo, integrismo. Y es una tentación que tenemos todos los que creemos firmemente en una verdad (y los que le dedicamos nuestra vida, como los sacerdotes, todavía más...). Hoy podríamos invitar de una manera muy viva a dos cosas: a tener siempre ganas de comprender e incluso disculpar a aquellos que actúan mal de una manera evidente (¿qué les debe haber llevado a esta situación?... "el justo debe ser humano", dice la 1a.lectura); y a ser capaces de aprender de los que piensan o actúan de una manera diferente a la nuestra, que, con toda seguridad, tienen muchas cosas buenas. Sólo Dios, al final de todo, hará la criba.

-Estar alerta

La parábola tiene un segundo tema importante, destacado sobre todo en la explicación alegórica, y también en la primera lectura. Es necesario que estemos alerta, porque podemos ser cizaña y al final de todo ser excluidos del Reino.

Actualmente, después de mucho tiempo en que la amenaza de la condenación eterna se había convertido en un tema demasiado habitual y del que se predicaba con excesiva seguridad, nos da un cierto reparo hablar de la posibilidad que el hombre tiene de ponerse de espaldas al proyecto de Dios y quedar, en consecuencia, al margen de la vida plena que Dios ha prometido.

Pero esa posibilidad existe. Y hay que pensar en ella: no para asustar, sino para estimularnos a no ser cizaña, que sería una triste manera de malograr la vida.

J. LLIGADAS

(mercaba)

 

 

 

REFLEXIÓN - 3

QUE CREZCAN JUNTOS

1. La cizaña es una hierba venenosa y embriagadora que, cuando está germinando, se parece al trigo, pero que, una vez crecida, es de menor altura. El trigo se distingue de la cizaña por sus frutos. Al ser la cizaña una planta nociva, su quema designa en el Antiguo Testamento a los pecadores. Como las zarzas, la cizaña representa a los que se oponen al crecimiento del reino de Dios. Evidentemente, en cualquier campo hay hierbas dañinas que es difícil eliminar. Sólo es posible separar la cizaña del trigo después de la siega con un tamiz calibrado, ya que los granos de cizaña son más pequeños que los del trigo. La cizaña se quema, y el trigo se lleva al granero.

2. El acento de la parábola está puesto en la cizaña que sembró el «enemigo» o el «maligno»; mejor dicho, en la perspectiva de lo que debemos hacer o dejar de hacer para que crezca el reino. No hay que apresurarse precipitadamente a efectuar la recolección. Jesús dirige su mensaje a los pecadores, no a los puros. Es necesario dar un tiempo adecuado a la conversión.

3. En el reino de Dios -tanto por lo que respecta a nuestro propio interior como a la sociedad en general- se mezclan lo bueno y lo malo. Y, así como Dios tolera a todos en la creación -buenos y malos-, así también debe respetarse la libertad del ser humano, que es un bien esencial del reino. No precipitemos los juicios, no nos erijamos en jueces definitivos. El «enemigo» o el «maligno» representa a quienes pretenden hacer fracasar la obra de la salvación. Se dan, pues, dos siembras opuestas. Se nos invita a que seamos pacientes y humildes en nuestros juicios. El fácil recurso a dividir a las personas en buenas y malas es simple e inexacto: todos tenemos de todo. Incluso sembramos de las dos clases de semillas, y a veces más de la una que de la otra. Al final, Dios juzgará por las conductas.

REFLEXIÓN CRISTIANA:

¿Somos tolerantes o intolerantes con los demás?

¿En virtud de qué hacemos nuestros juicios?

CASIANO FLORISTAN

(mercaba)

 

 

REFLEXIÓN - 3

CAMPO CULTIVADO, SEMILLA FÉRTIL

El libro del profeta Isaías se divide en tres parte: la primera la podemos llamar el libro de la denuncia; la segunda el libro del anuncio y la tercera la consolación. El texto que hoy leemos pertenece a esta última sección del libro y nos da ya una pista para la interpretación del pasaje. Isaías III nos presenta una comparación que subraya el papel fundamental de la palabra de Dios para que se verifique la eficacia de su obra o acción. La palabra de Dios es entonces la lluvia que hace fecundos incluso los terrenos más áridos y duros. Se describe todo el ciclo completo del agua, desde su precipitación como gotas en las nubes, pasando por su acción benéfica en el terreno cultivado, hasta su retorno al cielo, lista para emprender de nuevo su cometido. De igual forma la palabra de Dios, que parte rauda de la boca de Dios, hace fértil el campo cultivado y realiza el cometido para el que fue enviada.

Esta comparación nos ayuda a comprender que la palabra que Dios nos comunica no gira en el vacío, sino que se dirige a los ‘terrenos cultivados’, o sea , a todas las personas que con devoción y cariño preparan su mente y sus afectos para que sea eficaz la palabra que ellos reciben de Dios por medio de los profetas. De este modo la comparación resalta dos elementos muy importantes: la palabra se dirige a los ‘terrenos cultivados’ donde la semilla ya reposa y la palabra retorna a su fuente de origen.

El evangelio de Mateo complementa esta imagen tan poderosa y sugestiva con la ‘parábola del sembrador’. En esta parábola los elementos decisivos son la excelente calidad de la semilla y la disposición del terreno. El sembrador lanza una semilla de excelente calidad y lo hace con la generosidad y esperanza de quien ama su campo de cultivo. No ahorra esfuerzo ni semillas; las coloca incluso en lugares en donde no cabría esperar ningún resultado ya que su interés no es conservar sino esperar que esa semilla haga fructificar todos los sectores de su parcela. El otro elemento decisivo, el terreno, responde de diferente manera según la ‘calidad’ de la tierra. La buena disposición de cada pedazo de la parcela constituye el factor desicivo para el éxito de la empresa. La semilla es buena, pero no siempre el terreno que responde de manera desigual.

(koinonía)